top of page

La Autopsia

  • Foto del escritor: ncnicolasceballos
    ncnicolasceballos
  • 10 ago 2018
  • 2 Min. de lectura

Hay reglas no escritas que hacen que las cosas perduren en el tiempo. Pero también genios capaces de pervertirlas y salirse con la suya. Aunque una persona no tarda más de un día en morir en Hollywood, Janet Leigh exhaló su último aliento durante una semana. Lo hizo en una ducha, en el Motel Bates. En lugar de correr la sangre, se derramó sirope de la marca Hershey y el sonido de las macabras puñaladas no es un sádico director británico desgarrando el abdomen de una estrella americana, sino el de un cuchillo hundiéndose en un melón mexicano llamado Casaba. Pero no fue el cuchillo de Norman el que mató a una de las grandes actrices de los sesenta, sino la precisión milimétrica de ese genio cruel que era Alfred Hitchcock, que tenía cada detalle, expresión, sonido y movimiento de cámara pensado de antemano para «Psicosis». Durante el preestreno, nadie podría salir de la sala, el shock debía superarse desde la butaca, de puertas para adentro. El evento era algo revolucionario, la primera escena explícita de violencia contra el cuerpo de una mujer en pantalla y, para pavor de los espectadores, la película se quedaba huérfana de protagonista a los cuarenta minutos de metraje. Por si fuera poco, el cineasta británico, después de imitar una secuencia de «Los siete mandamientos» de Cecil B. DeMille cuando la mano se aferra a la cortina, se recrea de manera casi fetichista en ese momento post mortem.

Con un impacto similar al del tren de los Hermanos Lumiére, la escena les hizo sentir vulnerables. Si la protagonista podía desaparecer, era posible que lo hiciese cualquiera. Se maximiza la amenaza con un plano contrapicado, a pesar de no ser el punto de vista de la víctima. Hitchcock cambió el lenguaje de la historia del cine: los cortes del montador Tomasini, la música de Bernard Herrmann, que es el pulso acelerado de Leight y empieza justo cuando se abre la cortina, sin pistas previas... «Si quitas uno de esos elementos, la escena deja de ser lo mismo. Pierde su poder e impacto, que es la conjunción de todos esos ingredientes, incluido el extraordinario storyboard de Saul Bass», explica a ABC Alexandre O. Philippe, director del documental «78/52. La escena que cambió el cine». El nombre de esta pieza cinéfila sobre las entrañas de «Psicosis» descuartiza esos tres minutos que ya forman parte de la cultura popular. El título, otro homenaje más, se refiere a las 78 posiciones de cámara y a los 52 cortes que se precisaron para rodarla -o como a Hitchcock le gustaba decir con su sequedad de mayordomo macabro: «52 piezas de película pegadas»-.



 
 
 

Comentarios


Grupo 1 TIC
•Caputo Celina
•Ceballos Nicolás
•Moyano Luisana
•Ochoa Camila
•Suarez Ramiro
•Volpato Rocío

© 2018 by insl. Proudly created with Wix.com

bottom of page